En este artículo
- Qué hace ASML, y por qué solo ella
- Quién compra y cuántas hay
- El control geopolítico desde Washington
- La paradoja del cliente sin control
- Lo que esto significa para el sector de la IA
- La cuestión política
Definiciones · Referencias · Para profundizar · También te interesa · En otros sitios
Hoy hablamos de la empresa más estratégica del sector tecnológico mundial y casi nadie en España la nombra. Está en una ciudad holandesa de ciento sesenta mil habitantes llamada Veldhoven, a las afueras de Eindhoven. Fabrica una sola cosa: máquinas de litografía ultravioleta extrema, los aparatos sin los cuales no se puede producir un solo chip de los que sostienen ChatGPT, Claude o Gemini. Una máquina cuesta entre 200 y 380 millones de dólares y se transporta en cuatro Boeing 747 fletados. La empresa se llama ASML. Y el gobierno holandés decide a quién puede venderle, no la empresa. Mi opinión está sesgada porque he visto el documental de ASML y me quedé fascinado durante meses. Forma la tuya: si en seis meses no oyes el nombre, es que tu prensa habitual no está cubriendo el sector.
Llevo dos años recolectando recortes sobre ASML porque me parece, sin exagerar, la pieza más fascinante de toda la cadena de IA. Es una empresa cuyo monopolio no se debe a fusiones, ni a barreras regulatorias, ni a juego sucio. Se debe a cuarenta años de física aplicada y miles de millones en I+D que ningún competidor ha podido replicar. Y, como veremos, es también el ejemplo más limpio de cómo una empresa estratégica puede perder el control de sus propias ventas cuando las exportaciones se convierten en herramienta diplomática.
Qué hace ASML, y por qué solo ella
ASML —siglas de Advanced Semiconductor Materials Lithography— se fundó en 1984 como una pequeña spinoff de Philips. Durante casi dos décadas fue un actor secundario en la litografía de semiconductores, dominada entonces por Nikon y Canon. La apuesta que cambió la historia se tomó en los años noventa, cuando ASML decidió invertir agresivamente en una tecnología llamada Extreme Ultraviolet Lithography, EUV, que prometía permitir grabar circuitos a escalas inferiores a 7 nanómetros donde la litografía convencional ya no alcanzaba.
La apuesta era arriesgada. La luz ultravioleta extrema —longitud de onda de 13,5 nanómetros— se absorbe en el aire y prácticamente en cualquier material conocido. Generarla requiere disparar gotas de estaño fundido a 50.000 km/h con un láser de alta potencia y recoger el plasma resultante con espejos de tolerancias atómicas. Diseñar máquinas que hagan eso de forma estable, repetible y económicamente viable es un problema de ingeniería al borde de lo imposible. ASML tardó casi dos décadas en resolverlo, en colaboración con un consorcio que incluyó financiación de Intel, Samsung y TSMC. Las primeras máquinas comerciales se entregaron en 2018.
A día de hoy, ASML es la única empresa del mundo que fabrica máquinas EUV operativas en producción comercial. Nikon y Canon, sus antiguos competidores, abandonaron la carrera en distintos momentos por el coste y la complejidad. China lleva años intentando desarrollar una alternativa propia a través de SMEE (Shanghai Micro Electronics Equipment) y no ha logrado producir todavía una máquina EUV comparable. Las estimaciones de la industria sitúan a SMEE entre cinco y diez años por detrás del estado del arte.
El precio refleja esta concentración. Una máquina EUV estándar —generación NXE:3400 o NXE:3600— cuesta entre 180 y 220 millones de dólares según configuración. La siguiente generación, la High-NA EUV (NXE:5000 y EXE:5000), está en el rango de los 350 a 380 millones de dólares. Para hacerse una idea, el precio de la máquina High-NA equivale a la facturación anual completa de una empresa cotizada española mediana. Y ASML produce solo unas decenas de máquinas EUV al año, no centenares: la complejidad y los plazos de fabricación de componentes —especialmente los espejos de la óptica, que hace Zeiss en Alemania— limitan la producción.
Quién compra y cuántas hay
Las máquinas EUV se reparten entre los tres únicos clientes capaces de pagarlas y de usarlas: TSMC, Samsung e Intel. Estos tres fabricantes operan los nodos avanzados —5 nanómetros, 3 nanómetros y, desde 2025, 2 nanómetros— que requieren EUV obligatoriamente. Empresas como GlobalFoundries, UMC y SMIC operan nodos anteriores que aún pueden hacerse con litografía DUV convencional, no EUV.
Las cifras exactas de máquinas instaladas las publica ASML en sus informes anuales. Hasta finales de 2024, ASML había entregado en torno a 200 sistemas EUV de generación NXE, más algunas decenas de generaciones anteriores ya retiradas. Las primeras máquinas High-NA empezaron a entregarse a finales de 2024, con Intel como cliente lanzador y TSMC y Samsung en cola. El ritmo de producción de High-NA es lento: en torno a media docena de unidades al año, según las propias guías que la empresa comparte con analistas.
Esta lentitud no es estratégica. Es estructural. Cada máquina requiere miles de componentes producidos por una cadena de proveedores europeos y estadounidenses muy especializada. Cualquier intento de acelerar la producción tropieza con cuellos en algún proveedor de segundo nivel —Zeiss para óptica, Trumpf para láser, Carl Zeiss SMT para alineamiento, y otros nombres menos conocidos—.
El control geopolítico desde Washington
Aquí entra la parte que convierte a ASML en pieza geopolítica de primer nivel.
Estados Unidos lleva desde 2018 presionando al Gobierno neerlandés para restringir las exportaciones de máquinas EUV a China. En 2019, los Países Bajos decidieron no conceder licencias de exportación de máquinas EUV a clientes chinos. Esa restricción se mantiene desde entonces. China, en consecuencia, no ha podido comprar legalmente ninguna máquina EUV nueva en más de seis años.
La medida se amplió en septiembre de 2023. Bajo presión renovada de la administración Biden y, después, de la administración Trump en su segundo mandato, los Países Bajos aceptaron restringir también las exportaciones de las máquinas más avanzadas de litografía ultravioleta profunda (DUV), específicamente los modelos TWINSCAN NXT:2050i y NXT:2100i. Esas máquinas, aunque menos sofisticadas que las EUV, son necesarias para fabricar a 7 nanómetros y por debajo. La ampliación de la restricción significa que China queda efectivamente bloqueada de producir chips a 7 nanómetros y por debajo de manera competitiva, salvo que logre desarrollar una alternativa nacional.
China ha intentado responder por varias vías. Ha aumentado las compras de DUV menos restringidos. Ha desarrollado técnicas de litografía multiple-pattern que permiten fabricar a 7 nanómetros con DUV, aunque con costes y rendimientos inferiores. SMIC, la mayor foundry china, ha conseguido producir chips a 7 nanómetros para Huawei usando esa técnica, demostrando que la prohibición frena pero no detiene completamente. La pregunta abierta es si China podrá llegar a 5 o 3 nanómetros sin EUV. La respuesta razonable, según los analistas que conocen los detalles físicos, es que sí pero a un coste varios órdenes de magnitud superior, lo que la coloca fuera de competencia comercial.
La consecuencia para ASML es directa. China representaba en torno al 26% de los ingresos de ASML en 2023 antes de las restricciones más severas. Esa cifra ha caído desde entonces, aunque con cierta inercia por contratos firmados antes de la prohibición. ASML ha cuestionado públicamente la utilidad estratégica de la restricción a través de declaraciones de Peter Wennink, CEO hasta abril de 2024, y de Christophe Fouquet, CEO actual. La empresa defiende que la restricción frena pero no detiene a China, y que el coste para ASML supera al beneficio estratégico para Occidente. Esa posición no ha cambiado las decisiones del Gobierno neerlandés ni del estadounidense.
La paradoja del cliente sin control
Aquí está la parte que conviene nombrar con claridad porque tiene implicaciones más allá de ASML.
ASML es una empresa privada cotizada en Euronext Ámsterdam y en NASDAQ. Su capitalización bursátil ha superado los 300.000 millones de dólares en sus máximos. Es la empresa europea más valiosa por capitalización después de Novo Nordisk. Y, sin embargo, no controla a quién puede vender sus productos más avanzados. Esa decisión la toma el Gobierno neerlandés, en parte bajo presión del Gobierno estadounidense, sin que ASML tenga voz formal en el proceso de licencia.
Esto produce una situación rara en el capitalismo contemporáneo. La empresa más estratégica del continente europeo, con un monopolio efectivo en su tecnología, ha perdido autonomía comercial sobre el cuarto de su mercado potencial. Los Países Bajos, un país de 17 millones de habitantes con una economía mediana, deciden sobre las exportaciones de la empresa más crítica del sector global. Esa decisión, a su vez, está condicionada por el peso geopolítico de Estados Unidos. La cadena de causalidad es: la Casa Blanca presiona a La Haya, La Haya niega licencia, ASML pierde cliente.
No hay ilegalidad en este esquema. Hay perfectamente derecho de exportación reconocido en todas las legislaciones occidentales. Pero el equilibrio entre soberanía nacional, política exterior y libertad empresarial está, en el caso ASML, particularmente desplazado. La empresa lo dice abiertamente —Fouquet ha repetido en varias entrevistas en Bloomberg y Financial Times que las restricciones no logran su objetivo y dañan al sector europeo—. Las restricciones, sin embargo, no se relajan.
Lo que esto significa para el sector de la IA
Para entender por qué ASML importa al usuario de ChatGPT en Madrid, hay que pensar en la cadena hacia atrás.
ChatGPT corre sobre servidores que usan GPUs Nvidia H100 o H200. Esas GPUs están fabricadas por TSMC en Taiwán, en sus fábricas de Hsinchu. Las fábricas de TSMC usan máquinas EUV de ASML para grabar los circuitos. Las máquinas EUV de ASML usan espejos de Zeiss en Alemania y láseres de Trumpf, también en Alemania. La cadena entera tiene cuatro o cinco eslabones críticos, cada uno de ellos un cuello de botella diferente.
Si ASML deja de entregar máquinas, en cinco años no hay nuevas GPUs Nvidia capaces de competir con las actuales. Si TSMC se detiene, la cadena se rompe en un año. Si Zeiss tiene un accidente industrial, ASML no produce máquinas durante meses. Cada uno de estos riesgos es bajo individualmente, pero acumulados son muy reales.
A diferencia del riesgo taiwanés —que es geopolítico y exógeno—, el riesgo ASML es interno al espacio europeo y, en teoría, controlable por decisiones europeas. La Unión Europea aprobó en 2023 el European Chips Act por 43.000 millones de euros precisamente para reducir la dependencia. Buena parte de ese dinero se está invirtiendo en fabricación —fab de Dresde, fab de Magdeburgo (Intel, en revisión)—, pero muy poco en proteger y diversificar la cadena de proveedores de ASML. Esa es una decisión estratégica que el debate europeo apenas ha visibilizado.
La cuestión política
Esto es opinión personal pero la sostengo con la propia trayectoria del expediente. ASML es el ejemplo más claro de empresa europea con poder estructural que la Unión Europea no ha sabido convertir en palanca geopolítica.
Si Estados Unidos tuviera una ASML americana, la usaría para negociar concesiones en mil frentes con sus aliados y con sus rivales. Lo hace sistemáticamente con Boeing, con Lockheed, con Microsoft. Si China tuviera una ASML china, la usaría como herramienta diplomática y comercial. Lo hace con TikTok, con Huawei, con CATL. Europa tiene una ASML europea y se limita a cumplir las restricciones que le dicta el aliado mayor. No por mala fe, sino por incapacidad institucional para articular una política industrial autónoma a escala continental.
La discusión sobre lo que Europa puede o no puede hacer con ASML es una discusión sobre lo que es Europa en el sistema internacional contemporáneo. Si Europa quiere ser actor estratégico, ASML es la prueba operativa: usar su poder, negociar las restricciones desde una posición propia, exigir reciprocidad por el peso que aporta. Si Europa acepta seguir siendo cliente del orden ajeno, ASML es el ejemplo del techo de esa aceptación.
El dato concreto que cierra: según el informe anual de ASML correspondiente al ejercicio 2024 —publicado en marzo de 2025—, la cuota de los pedidos chinos sobre el total bajó del 26% en 2023 al 41% en 2024 (subió temporalmente por contratos previos a la restricción de septiembre 2023 que se ejecutaron durante el año), y se proyecta caer al rango del 20% en 2025 conforme se cumplen los contratos legalmente firmados y se cierra el grifo. Esa montaña rusa, totalmente fuera del control de ASML, es la materialización numérica de la situación que llevo descrita.
Definiciones
Litografía: proceso de transferencia de un patrón sobre una superficie. En semiconductores, se usa para grabar circuitos en wafers de silicio.
EUV (Extreme Ultraviolet): tecnología de litografía que utiliza luz ultravioleta extrema de 13,5 nanómetros de longitud de onda. Permite grabar circuitos a escalas inferiores a 7 nanómetros. Es propiedad exclusiva de ASML como producto comercial.
DUV (Deep Ultraviolet): tecnología anterior a EUV, con longitudes de onda de 193 a 248 nanómetros. Sigue siendo válida para nodos superiores a 7 nanómetros y se puede usar, con técnicas de patterning múltiple, para nodos inferiores con coste y rendimiento penalizados.
High-NA EUV: nueva generación de máquinas EUV de ASML con apertura numérica ampliada (NA = 0,55), que permite fabricar a 2 nanómetros y por debajo. Las primeras entregas comerciales empezaron a finales de 2024.
Control de exportación: mecanismo legal por el que un Gobierno restringe la venta internacional de determinados productos por razones de seguridad nacional. Es la herramienta que se aplica a ASML respecto a China.
Referencias
Chris Miller, Chip War: The Fight for the World's Most Critical Technology (Scribner, 2022). Capítulos centrales sobre el desarrollo histórico de la litografía EUV y la posición de ASML.
ASML, Annual Report 2024 (ASML Holding NV, marzo de 2025). Cifras oficiales sobre entregas, mercado por geografía y proyecciones.
Marc Hijink, Focus: The ASML Way (Ambo|Anthos, 2023; edición en inglés Maven Publishing, 2025). Historia institucional de la empresa escrita por el corresponsal del NRC Handelsblad.
Financial Times, cobertura sectorial sobre ASML y restricciones de exportación (2022-2025). Análisis recurrente sobre la posición de Wennink y Fouquet.
Nederlands Ministerie van Buitenlandse Zaken, documentación oficial sobre licencias de exportación de equipos de litografía (2019-2024). Marco regulatorio de la restricción.
U.S. Bureau of Industry and Security, Export Administration Regulations relativas a semiconductores (Federal Register, 2022-2024). Marco regulatorio estadounidense que condiciona la presión a los Países Bajos.
Centre for Strategic and International Studies, Mapping the Semiconductor Supply Chain (csis.org, actualización periódica). Mapa visual de la posición de ASML en la cadena global.
Para profundizar
Vili Lehdonvirta, Cloud Empires (MIT Press, 2022). Marco para entender cómo la concentración de la infraestructura digital pasa por empresas europeas con poco peso institucional.
Graham Allison, Destined for War (Houghton Mifflin Harcourt, 2017). Marco geopolítico amplio para entender la dinámica entre Estados Unidos y China que condiciona a ASML.
Dan Wang, Breakneck: China's Quest to Engineer the Future (W. W. Norton, 2025). Análisis reciente sobre las apuestas industriales chinas en semiconductores y los esfuerzos por reproducir la tecnología ASML.
European Commission, European Chips Act – Implementation Reports (2023-2025). Documentación del programa europeo y su limitada atención a la cadena de proveedores de ASML.
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